Quisiera abandonarme, dejarme tirada en una calle y olvidar el nombre y el número de mi cadaver. Caminar y no mirar hacía atrás, para que mi mirada no tenga oportunidad de sofocarme con esas ventanas que piden clemencia.
"¡Abrelas! ¡Descubrelo!" me dirías , caprichosa niña huerfana.
Mientras yo seguiría el curso y me detendría sólo frente a un banco de una plaza, me sentaría delicadamente, tomando al tiempo por los cuernos. Para proceder a llorar desconsoladamente.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Infinitas mascaras