martes, 10 de septiembre de 2013

Quisiera abandonarme, dejarme tirada  en una calle y olvidar el nombre y el número de mi cadaver. Caminar y no mirar hacía atrás, para que mi mirada no tenga oportunidad de sofocarme con esas ventanas que piden clemencia.
"¡Abrelas! ¡Descubrelo!" me dirías , caprichosa niña huerfana.

Mientras yo seguiría el curso y me detendría sólo frente a un banco de una plaza, me sentaría delicadamente, tomando al tiempo por los cuernos. Para proceder a llorar desconsoladamente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Infinitas mascaras